A DAY AT THE RACES (1976).

11 diciembre, 2016 • Counterpoint • Views: 36

¿Cómo sigues después de A Night at the Opera? Esa fue la pregunta que FreddieBrianRoger John se preguntaban. La respuesta vino con A Day at the Races, una especie de secuela que contiene un estilo similar, aquel del sonido del exceso y bombástico.

Si sirvió una vez ¿Por qué no otra?

Es cierto, quizás no exista una canción que compita contra “Bohemian Rhapsody” -¿Acaso existe una dentro de su catálogo?- y quizás por eso es desapercibido, pero A Day at the Races presenta una evolución del Queen que ya encontró la fórmula ganadora: el balance perfecto entre teatralidad y lo virtuoso del género del rock. A Day at the Races tiene momentos muy destacables:

Iniciar un disco es importante y aquí, Queen presenta una de sus canciones más estruendosas: “Tie Your Mother Down”. Esta canción es trabajo entero de Brian May, y no nos dice nada en sus letras, son simplemente un juego de la banda en representación al sonido tan rápido y “extremo” que ya no tenía esos tintes de rock épico de los primeros discos.

En lo personal, A Day at the Races alcanza su punto cumbre en su segunda canción, con una de las que más me gusta del grupo y una que suele ser olvidada entre el público: “You Take My Breath Away”. El sonido que evoca la banda es aquel que nos recuerda al soul del que Mercury era fanático, y qué letra. Una dedicatoria de amor intensa sin género hacia una persona que te hace perder el aliento y que algún día esperas poder decirle todo lo que sientes… o por un beso.

Este optimismo también se contagia con “Long Away”. Lo primero que resalta es el sonido tan peculiar de la guitarra que Brian May decide usar en la canción, una completamente ajena al sonido de todo el disco que hace que “Long Away” se vuelve una particularidad dentro de todo este viaje musical.

Y luego llega la hermana sin reconocimiento de “Bohemian Rhapsody”“The Millionaire Waltz”… o por lo menos eso aseguraban los miembros del grupo, con sus similitudes en los vocales y el matrimonio perfecto del piano con los solos de guitarra; “The Millionaire Waltz” me parece una extensión al sonido que tiene “Lazing on a Sunday Afternoon”, algo que no suena tan descabellado si consideramos que la segunda tenía una duración de apenas un minuto.

Está el homenaje musical de Mercury haca una de sus favoritas: Aretha Franklin. Regresa esa construcción de un estilo soul/gospel y con grandes alcances porque “Somebody to Love” es pegajosa como el chicle en el pelo. Fue gracias con “Somebody to Love” que el disco se volvería un módico éxito de ventas a comparación del anterior trabajo.

Con ello también vinieron las críticas agresivas por los medios que, seamos honestos: tenían una agenda contra Queen (te estoy mirando a ti Rolling Stone). Si bien no es imposible romper paradigmas disco tras disco –Bob Dylan lo hizo- reclamarle a Queen por no presentar otro “A Day at the Opera” es injusto; Queen comenzaba a encontrar beneficio entre el público que ya no los veía como aquellos que hicieron discos conceptuales sobre duendes y sí como la banda que en un punto de su vida tenían que ver en concierto.

 

 

 

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