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Histórica derrota republicana deja a Trump sin el control legislativo

ESTADOS UNIDOS.- El Partido Demócrata arrebató el control de ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos al Partido Republicano en una victoria histórica y contundente durante las elecciones de mitad de mandato (midterms), lo que transforma los comicios en un profundo castigo electoral hacia las políticas del presidente Donald Trump.

Planteada políticamente como un referéndum sobre los dos primeros años de su segundo mandato, esta jornada —bautizada por analistas como el “Tsunami Azul”— reconfigura por completo el escenario político estadounidense y debilita severamente la gobernabilidad del mandatario para el resto de su gestión.

En el Poder Legislativo, los demócratas lograron asegurar cómodamente la mayoría en la Cámara de Representantes al superar los 218 escaños necesarios, y ganaron también el control del Senado.

El triunfo incluyó la conquista de bastiones tradicionalmente conservadores: por primera vez en 94 años un demócrata ganó un escaño al Senado por Kansas (Adam Hamilton), mientras que en Texas el progresista James Talarico venció al fiscal general Ken Paxton.

El giro hacia la izquierda también alcanzó a gubernaturas de alto perfil, destacando la victoria de Xavier Becerra en California y la elección de Gina Hinojosa como la primera gobernadora demócrata en la historia de Texas.

De acuerdo con las encuestas de salida, el electorado castigó con severidad el descontento con la economía, la inflación, las polémicas redadas migratorias del ICE y el rechazo a la reciente guerra con Irán; además, un 70% de los votantes manifestó abiertamente que el Congreso no estaba ejerciendo suficiente control sobre el Poder Ejecutivo.

Las implicaciones directas para Donald Trump y su administración son drásticas a partir del inicio de sesiones del nuevo Congreso, fijado para el 3 de enero de 2027.

Al quedar despojado de sus mayorías parlamentarias, el mandatario se encamina a convertirse en un “pato cojo”, viendo bloqueadas sus reformas legislativas más ambiciosas y perdiendo la iniciativa política.

Aunque mantiene el poder de veto para frenar las leyes de la oposición —recurso que ya empezó a promover en redes sociales mostrando una gorra con la palabra “VETO”—, la gobernabilidad dependerá de un constante estancamiento o de una obligada negociación.

Asimismo, los demócratas ahora dominan la “llave del dinero”, lo que les permitirá negar el financiamiento a sus proyectos insignia, planes de infraestructura o fondos militares adicionales.

El nuevo Congreso activará de inmediato comisiones parlamentarias de investigación para someter a un estricto escrutinio las decisiones de la administración, los gastos públicos y las órdenes ejecutivas de los últimos dos años.

A pesar de que esta nueva configuración facilita las condiciones para iniciar un juicio político (impeachment), el presidente ha minimizado la amenaza afirmando públicamente que la posibilidad no le preocupa “ni un poquito” y argumentando que usar esa herramienta sin un motivo de peso terminaría por destruir políticamente al Partido Demócrata.

Fiel a su estilo, el mandatario intentó distanciarse de la responsabilidad de la derrota, desatando fuertes tensiones internas dentro de las filas republicanas.

Trump declaró ante la prensa que el resultado se debió exclusivamente a que él no figuraba directamente en las papeletas, asegurando que si hubiera estado en la boleta los republicanos habrían obtenido una victoria aplastante y acusando a los candidatos locales de no saber traducir el apoyo de sus mítines en votos reales.

Aunque el presidente adoptó por momentos un tono conciliador al decir que los demócratas “hicieron un buen trabajo”, su vicepresidente, JD Vance, arremetió en redes sociales atribuyendo las pérdidas legislativas a los efectos de la guerra con Irán; una postura con la que Trump coincidió parcialmente al admitir que dicho conflicto disparó el precio de la gasolina a corto plazo e impactó el ánimo de los votantes, si bien defendió firmemente la intervención armada.

Esta postura ha provocado una seria fractura en el Partido Republicano, donde diversos líderes e influyentes figuras conservadoras se han mostrado indignados, culpando directamente al radicalismo del presidente y a su insistencia en imponer candidatos leales pero poco viables de la debacle generalizada.

Como primera consecuencia de este sismo interno, el actual presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, ya anunció formalmente que no buscará liderar a la minoría de su partido en el próximo periodo legislativo.

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