
CIUDAD DE MÉXICO.- En el marco del Día Internacional de la Mujer, el panorama de la violencia de género en México presenta en estos momentos una dualidad crítica: mientras las cifras oficiales del Gobierno Federal muestran una tendencia a la baja en las carpetas de investigación, las organizaciones civiles denuncian que la crisis de desapariciones y la impunidad sistémica ocultan la verdadera magnitud del problema.
De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), el país ha logrado reducir gradualmente el número de feminicidios registrados.
Tras alcanzar un pico histórico de 1,021 casos en 2021, la cifra descendió a 721 carpetas en 2025.
Sin embargo, la realidad cotidiana sigue siendo letal. Se estima que, en promedio, 10 mujeres mueren de forma violenta cada día en el territorio nacional.
La brecha entre las muertes violentas y las carpetas tipificadas como “feminicidio” sugiere que solo una minoría de los casos se investiga bajo protocolos de género.
La violencia no es uniforme en el país. Entidades como el Estado de México y Morelos han mostrado repuntes recientes, desafiando la tendencia nacional.
A esto se suma un dato alarmante: entre 2015 y 2025, las desapariciones de mujeres aumentaron un 213%, una estadística que colectivos de búsqueda califican como “feminicidio invisible”, ya que muchos de estos casos podrían ocultar asesinatos no contabilizados.
El acceso a la justicia sigue siendo el principal reclamo en las movilizaciones de este 8 de marzo. Las estadísticas de organizaciones internacionales como ONU Mujeres subrayan las fallas del sistema.
Solo el 3% de los asesinatos de mujeres culminan en una sentencia condenatoria por feminicidio. Se calcula que más del 90% de los delitos de violencia de género nunca llegan a denunciarse por miedo a represalias o desconfianza en las autoridades.
Menos del 25% de las muertes violentas se inician bajo una perspectiva de género, obligando a las familias a realizar sus propias labores de investigación.
Analistas de seguridad apuntan que la violencia contra la mujer ha mutado debido a la presencia del crimen organizado. En diversas regiones, el feminicidio ya no solo responde a dinámicas domésticas, sino que se ha convertido en una herramienta de control territorial y castigo utilizada por grupos delictivos.
A pesar de los avances en la legislación, el mensaje de este 8M es claro: mientras la impunidad no retroceda al mismo ritmo que las estadísticas, la seguridad de las mujeres en México seguirá siendo una asignatura pendiente.