Amarrando Navajas

¡ESAS SÍ SON MARRANADAS!

Y DICE UNA…

Podíamos aceptar la derrota si hubiera sido por méritos deportivos, o incluso en los penaltis. Pero lo que hizo Robben fue un robo, una trampa, un clavadazo, una marranada.
Ya habíamos anticipado que este Mundial podía convertirse en un muestrario de caca. Y ayer Robben no nos dejó mentir.
Podríamos preguntarnos si a los holandeses les remorderá la conciencia, si anoche durmieron tranquilos, si les sabe bien un triunfo por medio de la trampa.
Desafortunadamente para nosotros, son ellos los que están en el tan traído y llevado quinto partido. Y se enfrentarán a Costa Rica, para mi gusto, actual Gigante de Concacaf. Ojalá los Ticos venguen el robo de Robben.

Y DICE DOS…
Lo que más espanta no es el clavadazo sobreactuado, tampoco el grito desgarrador que lanzó el holandés mientras caía al suelo.
Vamos, ni siquiera las anteriores tres o cuatro vergonzosas y ridículas actuaciones del jugador, tratando de engañar al árbitro, y que en la última le haya comprado la más fingida de todas. Lo suyo, lo suyo, nunca va a ser el teatro.
Lo que verdaderamente espanta es la desfachatez con que Robben termina el partido repartiendo abrazos, sintiéndose orgulloso de un triunfo que no le pertenecía, que nunca fue suyo, y que gracias a su falta de ética, a su falta de deportivismo, y sí, a su falta de hombría, les fue otorgado en un penalti.
Sus compañeros son los menos culpables, a ellos la voltereta los refrescó, les devolvió la esperanza de aspirar al título mundial. El árbitro, y me cuesta trabajo teclear esto, tampoco es culpable de comerse una falta, la peor actuada hasta este momento en el Mundial. La culpa es de quien permite que en el reglamento se le dé oportunidad de jugar a los marranos.

Y DICE TRES…
En cuanto al Tricolor, el equipo llegó mucho más allá de lo que se esperaba. Los jugadores se partieron el alma y sudaron la camiseta como pocas veces lo habíamos visto. Hay que reconocer el gran esfuerzo y el orgullo con el que defendieron la camiseta verde.
Tácticamente ayer México perdió el partido en el corazón de la segunda mitad, al cederle la iniciativa a los holandeses en lugar de terminar de fundirlos con un clima totalmente a favor del Tricolor. Tuvieron al rival en el suelo, indefenso, moribundo, y se voltearon a festejar en lugar de darle el tiro de gracia.
Y Holanda no es un equipo al que se le puedan permitir tales facilidades. Holanda es La Naranja Mecánica. Holanda es el Futbol Total. Holanda es la tradición de un equipo protagonista en estas lides. Holanda tuvo que ser ultimado cuando México pudo hacerlo. No se hizo, y Holanda se levantó, empató con un auténtico golazo, y mató a México en tiempo de compensación. Con una trampa, es cierto, pero nos mató.
Miguel Herrera heredó una marranada por parte de la Federación, luego de un lastimoso y vergonzoso proceso de clasificación al Mundial. Y supo hacer grupo y llevarlo hasta octavos de final cuando del Tricolor muchos sólo esperábamos “tres juegos y a casita”. Pero no hay que olvidar que antes del Mundial, la Federación Mexicana de Futbol se encargó de hacer cuanta estupidez se le ocurrió hasta dejar a México al borde de la descalificación.

NO ES POR AMARRAR NAVAJAS…
Pero, ojalá que nuestros federativos se dejen de babosadas y le permitan trabajar al “Piojo” los cuatro años que siguen hasta el final del próximo Mundial. Y ojalá que para entonces, la FIFA haya eliminado para siempre y de por vida a la gente tramposa que tanto le hace daño al futbol, porque esas sí son marranadas.

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