
CIUDAD DE MÉXICO – En una jornada marcada por la diplomacia de alto nivel, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, recibió este jueves al secretario de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Markwayne Mullin.
El encuentro, celebrado en Palacio Nacional, tuvo como eje central la redefinición de la estrategia compartida contra el crimen organizado y el control migratorio.
La sesión privada se extendió por aproximadamente dos horas. Se acordó intensificar el combate al tráfico de fentanilo y desarticular redes de trata de personas.
Sheinbaum subrayó que la cooperación será estrecha pero bajo el principio de no intervención.
Mullin estuvo acompañado por el embajador Ronald Johnson; por México asistieron Rosa Icela Rodríguez (Gobernación) y Roberto Velasco Álvarez (Cancillería).
Este acercamiento ocurre en un momento de máxima fricción diplomática. La relación bilateral ha sido puesta a prueba por las persistentes acusaciones desde Washington sobre la infiltración del crimen organizado en los tres niveles del gobierno mexicano.
La retórica de la administración Trump, que cataloga a los cárteles como “narcoterroristas”, ha generado rechazo en México por el temor a intervenciones militares unilaterales.
Las revelaciones en cortes estadounidenses sobre presuntos nexos de funcionarios actuales y pasados con el narcotráfico han alimentado la narrativa de una “narcopolítica” sistémica.
Con la seguridad fronteriza como tema prioritario en la agenda de EE. UU., la presión sobre el gobierno de Sheinbaum para mostrar resultados tangibles (capturas y decomisos) es más alta que nunca.
La visita de Markwayne Mullin representa un intento de canalizar estas tensiones hacia una colaboración institucional, intentando sustituir los choques públicos por una agenda de trabajo técnica y operativa.